Carlos Perelló Pujol, el levitador
Me llamo Carlos como mi abuelo paterno, Carlos Juliá Perelló, que murió en Palma cuando yo tenía diez años a la edad de sesenta y nueve. Él a su vez se llamaba Carlos como su abuelo materno, Carlos Perelló Pujol, que vivió entre 1841 y 1888 y fue un personaje célebre en la Tarragona de su tiempo. Entre otras hablidades, tenía desde chiquillo la de elevarse en el aire con sólo hinchar los pulmones. Sólo una vez lo hizo en público; el susto que le dieron los padres capuchinos cuando lo sorprendieron en el patio del colegio ganándole una apuesta a sus compañeros de clase fue mayúsculo; recordemos que, cuando era niño, la Inquisición había sido suprimida hacía verdaderamente muy poco tiempo y permanecía presente en los terrores nocturnos de muchos españoles. Pero la utilidad de esta habilidad la contaré en otro momento; ahora es el de dormir. La mar estaba hoy picada, la singladura ha sido dura y no me quedan fuerzas para más: ni siquiera me he dado una vuelta por el puerto. Mañana bajaré a tierra: Simi es un lugar que siempre me ha fascinado. Atrás quedan Castelórizo y su cueva mágica.
